Mostrando entradas con la etiqueta porn-again. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta porn-again. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de marzo de 2012

Capitulo 5 del libro Porn Again Christian - La Masturbación - por Mark Driscoll

A riesgo de mencionar lo obvio, la pornografía existe principalmente para provocar la masturbación. Después de todo, si a un hombre le da una erección al ver una mujer desnuda, es inevitable que utilice dicha erección puesto que si no la utiliza no podrá sentirse satisfecho. Lo mismo ocurre cuando uno ve fotos de platos suculentos y no se los come: no son suficientes para hacer que el estómago se sienta lleno. 

Las mujeres sí ven la pornografía, y las mujeres sí se masturban. He estado en el ministerio lo suficiente para saber que este pecado no está relegado a un solo género. Pero el objetivo de este escrito es para los hombres. De hecho, ninguna encuesta ha podido descubrir una cultura donde las mujeres se masturben más que los hombres. En parte puede que se deba a la ubicación más externa y conveniente de los genitales masculinos. 

Para los propósitos de este folleto, definiré la masturbación de la siguiente manera: darse placer uno mismo para lograr una erección, un orgasmo, o una eyaculación. Lo que no considero masturbación es el estímulo manual entre una pareja de casados donde el marido y su esposa disfrutan darse placer a los genitales, como lo enseñan las Escrituras: con la boca (Cantares 2:3: 4:11), o con sus manos (Cantares 2:6). Tampoco clasifico el autoestímulo como masturbación cuando se hace con la bendición de la esposa y en su presencia. Lo que hacen juntos como pareja, con la conciencia limpia, es para su placer y libertad. A lo que me refiero al hablar de masturbación, es darse placer estando solo o aislado, lo cual suele ir acompañado de la lujuria que condena la Biblia.

De todos modos, hasta hace pocos años la masturbación era ampliamente reconocida como una perversión sexual. Sin embargo, los tiempos han cambiado mucho y ahora se defiende como algo normal y natural. Puede que el cómico Jerry Seinfeld haya dado con la mejor frase que resume la opinión contemporánea de la masturbación, cuando dijo: «Todos tenemos que hacerlo. Es parte de nuestro estilo de vida; es como afeitarse». El Janus Report on Sexual Behavior and Sex in America (el reporte Janus sobre el comportamiento sexual y el sexo en Estados Unidos) indica que la masturbación es frecuente, como lo demuestran los siguientes resultados:

Hombres solteros que admiten masturbarse una vez por semana—48%
Hombres casados que admiten masturbarse una vez por semana—44%
Hombres divorciados que admiten masturbarse una vez por semana—68%

Pese a la amplia aceptación de la masturbación, la gente sigue sintiendo diferentes grados de culpa al hacerlo. Una encuesta realizada en 1994 en la Universidad de Chicago, usó como argumento fundamental del libro Sex in America (El sexo en Estados Unidos), que casi la mitad de todos los hombres y mujeres que se masturban sienten al menos un poco de culpa, al menos parte del tiempo. El reporte Janus sobre el comportamiento sexual publicado en 1993 citó que apenas el 13% de los evangélicos piensan que la masturbación es parte natural de la vida adulta.

Muchos pastores cristianos han tratado en vano de encontrar algún pasaje bíblico que mencione la masturbación para condenarla y prohibirla. Al no poder encontrar versículos sobre el tema, tontamente usan la historia de Onán en Génesis 38:6-10, como su texto de prueba. Sin embargo, la historia de Onán no dice nada sobre la masturbación. En cambio, la historia trata de un hombre que murió dejando a su mujer viuda y sin hijos. En aquella época el hermano del hombre muerto debía casarse con su cuñada viuda, y tener relaciones normales con ella para que tuviera hijos. Seguramente Onán no tenía inconveniente en tener relaciones sexuales con su cuñada, pero cuando se llegaba a ella, antes de tener un orgasmo y eyacular, se salía y vertía en tierra en vez de obedecer a Dios y encargarse de su paternidad. Basar un argumento contra la masturbación en lo que dice Génesis 38:6-10, es tan ridículo como el argumento que un joven usó a favor de la masturbación basándose en Eclesiastés 9:10, que dice, «Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas».

Razones Teológicas Prácticas para no Masturbarse

La pregunta sigue en pie: ¿Puede el hombre de Dios masturbarse? Sí, y no. Debe notarse que la Biblia no condena la masturbación rotundamente. Aunque la práctica es tan antigua como las Escrituras mismas, el silencio de la Biblia sobre este tema debería hacer que nos retractemos de decir que algo es pecado, cuando Dios dice que no lo es. Por lo tanto debemos examinar el asunto principalmente con las siguientes cinco preguntas:

Pregunta #1— ¿Puede uno masturbarse sin lujuriar? (Job 31:1)
Pregunta #2— ¿Puede uno masturbarse para mejorar la unidad con su esposa, y producir una relación más íntima? (Génesis 2:24)
Pregunta #3— ¿Puede uno masturbarse sin sentir culpa? (Génesis 2:24)
Pregunta #4— ¿Puede uno masturbarse y tener limpia la conciencia? (Tito 1:15) 
Pregunta #5— ¿Puede uno masturbarse sin ceder a las ansias de sus pensamientos y deseos pecaminosos? (Efesios 2:3)

Ciertamente es posible que un hombre pueda masturbarse sin desobedecer estos principios bíblicos tan sencillos, pero es poco probable. Además, existen otras razones prácticas por las cuales los hombres de Dios no deberían hacerlo. 

Primero, la masturbación puede ser una forma de homosexualidad porque es un acto sexual en el que no participa una mujer. Si un hombre se masturbara mientras practica otras formas de intimidad sexual con su esposa, entonces no lo está haciendo en forma homosexual. No obstante, cualquier hombre que lo haga sin su esposa en el cuarto, podría estar practicando una actividad homosexual, sobre todo si se mira en el espejo y se excita al ver su cuerpo masculino.

Segundo, la masturbación es una forma de monosexualidad porque el acto sexual no incluye a otra persona. Como el sexo nos fue dado para el propósito de la unidad (Génesis 2:4), el conocimiento íntimo (Génesis 4:1), y el consuelo (2 Samuel 12:24), tener relaciones sexuales con uno mismo parece pasar por alto algunas de las razones bíblicas más significativas para la intimidad sexual.

Tercero, la masturbación a menudo se hace a la ligera, por vergüenza a ser sorprendido. Por consiguiente, la masturbación motiva al hombre a convertirse en un notorio minute-man (en inglés, un hombre que no dura ni un minuto antes de tener un orgasmo), que no está dotado con el dominio propio necesario para satisfacer a su esposa.

Cuarto, la masturbación puede crear un patrón de pereza. Si un hombre soltero quiere tener un orgasmo, primero necesita volverse un hombre de verdad y realizar la difícil tarea de cortejar y casarse con una mujer. Si un hombre casado quiere tener un orgasmo, necesita realizar la difícil tarea de amar, incentivar, y ser romántico con su esposa. Sin embargo, los hombres perezosos suelen masturbarse en la ducha cada mañana en vez de tener que realizar las arduas labores que comúnmente se relacionan con una vida matrimonial masculina responsable. 

Quinto, aunque la masturbación se permite en la Biblia, la pregunta es si es beneficiosa para usted. 
(1 Corintios 10:23). Los hombres de Dios están muy divididos sobre este tema, ya que muchos la consideran muy beneficiosa antes de casarse y en ocasiones, estando casados, al encontrarse lejos de sus esposas, etc. En cambio, otros hombres afirman que la masturbación no es beneficiosa porque se dejan controlar por ella, no pueden mantenerla bajo control (1 Corintios 6:12). La causa biológica de que esto suceda es que la masturbación alivia temporalmente los impulsos sexuales y las frustraciones, pero también causa impulsos biológicos más grandes y frecuentes. Prácticamente, al eyectar el semen, el cuerpo vuelve a producirlo rápidamente para que la oferta siga satisfaciendo la demanda. Por lo tanto, un hombre que se masturba hasta eyacularse descubrirá que se masturba con más y más frecuencia mientras su cuerpo le siga pidiendo más y más alivio, negando así la intención original de la masturbación que era aliviar la frustración sexual. 

Pastor Mark Driscoll
Marshillchurch.com
Libro Porn Again Christian

jueves, 23 de febrero de 2012

una teología práctica sobre la lujuria y pornográfica Capitulo 4 del libro Porn Again por Mark Driscoll

Génesis 2:22 explica la creación de Eva, de esta manera:
«Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre».
Dios hizo la tierra y dijo que era buena, pero aun antes de que entrara el pecado al mundo Dios dijo que no era bueno que el hombre estuviera solo. Por lo tanto Dios hizo a Eva para estar con el hombre como su amante, su ayuda idónea y amiga. Hasta ese punto, Adán nunca había visto a una mujer, porque Dios aún no había formado ninguna con sus manos. Lo único que había visto Adán hasta
ese punto en su vida eran los peces, los osos hormigueros, y otros animales que no se verían bien en una foto de bodas. No sabemos si Eva haya sido hermosa o no, pero para Adán era gloriosa ya que era la única mujer que había conocido. Prácticamente no tenía ningún criterio de belleza con el cual podía comparar a su novia, puesto que ella era su único criterio de belleza.

En la creación vemos el patrón sabio: El criterio de belleza de cada hombre no debe deshumanizarse, y ese criterio simplemente debe ser su esposa. Esto quiere decir que si un hombre tiene una mujer alta, delgada, y pelirroja es porque eso es sexy para él; y si su vecino tiene una mujer bajita, de pelo castaño, y con curvas, es porque a él le parece sexy. La lujuria pornográfica existe para provocar la clase de codicia y falta de satisfacción que ninguna mujer puede satisfacer, porque ella no puede ser alta y bajita, dotada y enjuta de pechos, blanca y negra, joven y vieja, a la vez, como el harén que presenta la pornografía.

El libro de la sabiduría nos da consejos sabios para tener a la esposa como criterio de la belleza. Proverbios 5:18-20 dice, «Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre. ¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena, y abrazarás el seno de la extraña?». Si un hombre llena su mente con imágenes de los senos de otras mujeres, nunca estará satisfecho con los senos de su esposa, lo cual hará que su confianza en él disminuya y afectará su matrimonio.

Proverbios 27:20 dice, «El Seol [la muerte] y el Abadón [la destrucción] nunca se sacian; así los ojos del hombre nunca están satisfechos. El crisol prueba la plata, y la hornaza el oro, y al hombre la boca del que lo alaba». Si aplicamos este principio a la lujuria pornográfica, se hace obvio que llenar la mente de obscenidades no satisface la lujuria sino aumenta el deseo de ver más imágenes. Una persona con ojos lujuriosos podría empezar con una revista, un sitio de Internet, o un video, que después lo lleva a mirar más revistas, más sitios de Internet, y más videos; hasta que se aburre y empieza a frecuentar bares de strippers, a acostarse con prostitutas y mujeres fáciles; y cuando por fin se aburre de eso, va a las orgías, a practicar el voyerismo, el exhibicionismo, la pedofilia, y a cualquier otro lugar donde un corazón perverso pueda atreverse a ir. ¡No se engañe a usted mismo! El pecado es la rampa de entrada a la muerte. Si usted toma esa rampa y no se arrepiente, si no da la vuelta y sale, su panorama empezará a verse más oscuro, más obsceno y más mortífero. Hasta podría convertirse en uno de los millones de hombres que matan a sus propios hijos en el vientre de sus madres, como cualquier tonto pecador que comprueba una vez más que el pecado sí conduce a la muerte.

Proverbios 11:22 dice: «Como zarcillo de oro en el hocico de un cerdo, es la mujer hermosa y apartada de razón». Conforme a esta obviedad, una mujer con un cuerpo sexy que es indiscreta respecto a quién se lo muestra, no es más que un animal bien vestido. Esto explica por qué las mujeres que son codiciadas por los hombres no son la clase de mujeres que ellos tomarían como esposas, porque puede que sea divertido revolcarse en el lodo y ensuciarse con un cerdo, pero uno nunca quiere que ese cerdo se siente a la mesa junto a su madre a cenar en un día feriado.
Proverbios 31:30 dice: «Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada». El hombre que se casa descubre que al final la belleza de su esposa se marchita. Después de procrear y amamantar una casa llena de niños, la gravedad y la atrofia siempre triunfan al final. Por consiguiente, si un hombre no es capaz de reconocer que la belleza que tiene su esposa cambia y envejece, éste será como cualquier otro tonto en el desfile de hombres cachondos y pervertidos, viejos y con piel fláccida, que van detrás de las jovencitas con un puñado de Viagra disponible como lo hace Hugh Hefner.

Hebreos 13:4 declara, «Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios». Los hombres que creen que pueden ver mujeres desnudas sin que esas imágenes se arraiguen en sus mentes y los persigan hasta su lecho matrimonial, son unos imbéciles. El peor caso que conozco personalmente era un tipo que necesitaba tener fotos de revistas de otras mujeres al lado de la almohada de su esposa cuando tenían relaciones sexuales, porque había condicionado tanto su cuerpo a excitarse con la pornografía, que su esposa ya no lo excitaba. Usted no quiere que eso le pase a usted y a su esposa. Además, como los pecados de los padres sobre sus hijos son visitados hasta la tercera y cuarta generación, si usted es padre de familia, la próxima vez que sea tentado pregúntense si quiere que sus hijos sean así o que sus hijas sean como esa esposa, y al hacerlo experimentará una «corrección de su erección».

1 Corintios 7:4 dice, «La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer». El hombre casado no es dueño de su propio cuerpo, al contrario, es un administrador de su cuerpo el cual les pertenece a su novia y a su Dios. De igual manera, todo hombre soltero, es solo un administrador de su cuerpo para su Dios, y al final también lo será para su novia. Por consiguiente, el hombre no tiene derecho a usar sus ojos para ver pornografía lujuriosa porque sus ojos no son suyos. Y si un individuo piensa tocarse sexualmente, debería discutirlo con su esposa primero, porque después de todo está cuidando un cuerpo que le pertenece a ella.

1 Timoteo 3:2 dice, «Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer [literalmente de una sola esposa], sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar». Como Hebreos 13:7 enseña a los hombres de Dios a seguir el ejemplo de sus líderes, el patrón normativo en la iglesia es que los hombres dirijan sus ojos y deseos exclusivamente a sus esposas.

Por último, 1 Timoteo 5:1-2: «No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza». Los hombres que miran la pornografía lujuriosa siempre ven a las mujeres como objetos con partes, y son incapaces de ser amistosos e íntimos con señoritas jóvenes y atractivas porque no pueden verlas sin pensar en el sexo. Si los hombres de Dios vieran a las mujeres como hermanas, verían a las mujeres desnudas que codician en su lujuria también como hermanas que necesitan dignidad, y sufrirían al ver que su hermanita de repente se ha convertido en una stripper.

Yo caí en cuenta de una manera muy dolorosa y personal con algo que me pasó hace muchos años. En un programa radial, un hombre que llamó hablaba de lo esclavizado que estaba a la pornografía y que no le remordía su pecado porque a las mujeres en sus revistas les pagaban, y probablemente se divertían siendo objetos sexuales. Durante el corte comercial, una mujer joven de mi iglesia, que trabajaba para el show, vino y me saludó, y empezó a contarme su historia. Me explicó que cuando era niña, fue abusada sexualmente por su tío repetidas veces, y como niña se sentía sucia, y guarra. Aceptando su triste condición, en su adolescencia se volvió muy promiscua, especializándose en relaciones sexuales con hombres mayores. Al cumplir la edad suficiente, empezó a desnudarse en un bar de mala muerte y como tenía un cuerpo muy hermoso ganó muchísimo dinero y los hombres empezaron a solicitarla como prostituta, por lo cual ganó muchísimo más dinero. Como un hombre mayor la abusó por tantos años, le pareció buena idea pagar sus cuentas fingiendo. Más adelante le ofrecieron trabajo como estrella de la pornografía y empezó a hacer películas pornográficas. Pero la industria en la que estaba era tan asquerosa, tan degradante y animalista, que se drogaba y se emborrachaba antes de rodar cada película a fin de soportar las violaciones. Después me explicó que nada de eso cambió hasta que conoció a Jesús.

Mientras hablaba, me preguntaba si habría hombres en mi iglesia rentando sus videos para llevarlos a casa y masturbarse sin saber que ella podría sentarse al lado de ellos en la iglesia el próximo domingo, cantando los mismos cantos a Jesús. No cabe duda que los hombres de Dios deben tratar a toda mujer como deberíamos tratar a nuestras propias hermanas.

Pastor Mark Driscoll
Capitulo 4 del libro Porn Again

jueves, 2 de febrero de 2012

Una teología de Lujuria y pornografica capitulo 3 del libro Porn-Again





Cuando recién me había convertido a Cristo en la universidad, recuerdo que tuve una conversación con otro cristiano joven que solía mirar la pornografía, en la que me dijo que no le veía ningún problema porque después de examinar detenidamente la Biblia no encontró la palabra «pornografía» en ninguna parte. Pero convenientemente pasó por alto la cantidad de versículos que hablan de la lujuria. Es algo típico que hacen los hombres, como dice Pablo, que detienen con injusticia la verdad para que puedan seguir pecando sexualmente (Romanos 1:18-24).

Claramente, el objetivo de la pornografía es la lujuria, y tener lujuria por alguna persona que no sea su esposa es algo que Dios condena repetidas veces a lo largo del Antiguo y el Nuevo Testamento, como una gran maldad.
Lean (Proverbios 6:25; Job 31:1; Mateo 5:28; Colosenses. 3:5; 1 Tesalonicenses. 4:5; 1Pedro. 4:3).
El hecho de desear sexualmente el cuerpo desnudo de una mujer no es un pecado en sí. El asunto es ¿por cuál mujer desnuda siente ese deseo sexual? Si es su esposa, entonces está haciendo que el libro de Cantares cante de nuevo para la gloria de Dios y para su gozo particular. Si no es su esposa, sencillamente está pecando.

Fue Dios quien vistió a nuestra madre Eva después de su pecado, y las hijas de Eva son las que se desnudan delante de las cámaras transgrediendo la voluntad de Dios, de que los cuerpos femeninos que Él formó sean vistos en toda su Gloria solamente por sus maridos.
Como hay una conexión biológica entre los ojos del hombre y sus genitales que lo estimula sexualmente por medio de la vista, la pornografía es muy seductora para los hombres. La pornografía tiene el devastador efecto de deshumanizar a las personas, convirtiéndolas en objetos con partes; es decir, separa a la persona de su cuerpo disminuyendo así su dignidad.
Tom Leykis, el presentador más popular de un programa radial de entrevistas para jóvenes, suele decir que las mujeres son como «inodoros» donde los hombres van y depositan su   fluido.

Definir la pornografía es una tarea demasiado difícil, porque ni aun la Corte Suprema de Justicia de nuestro país ha podido articular exactamente lo que es. Para el propósito de nuestro estudio, no incluyo en la lista de la pornografía cosas como el arte nudista o una escena amorosa en una película, pero reconozco que un hombre pervertido en extremo es capaz de excitarse por cualquier cosa, como lo demuestra el caso de un tipo que conocí que se excitaba viendo el apareamiento de los animales en el Nature Channel (El Canal de la Naturaleza). Sin embargo, sí incluyo tales cosas como las películas pornográficas, las revistas pornográficas, los sitios de Internet, las salas de chat obsceno, las novelas románticas basura, el sexo por teléfono con operadoras pagadas, películas eróticas, catálogos de lencería, hasta las ediciones de trajes de baño de las revistas deportivas, o cualquier otra cosa que se me haya olvidado que excitaría a cualquier hijo de Adán, al igual que el creciente número de revistas degradantes para hombres y mujeres que muestran más personas desnudas de lo que mostraban las revistas pornográficas hace algunas generaciones.

El hecho de que hayan incluido estas revistas de amplia circulación parecería algo extremo, en vista de la insensibilidad de nuestra cultura. Sin embargo, debemos recordar que a principios de los años 50 las tiendas no vendían pornografía suave; en 1960 la revista Playboy estaba disponible detrás del mostrador fuera de la vista; en los años 70, la revista Penthouse se vendía junto con Playboy en los estantes de revistas, y pese a su disminución hoy hay pornografía dura y suave disponible en las estanterías de revistas donde niños y adultos pueden examinarlas con curiosidad y detenimiento.

En nuestra cultura insensible y descarada, al definir la pornografía debemos cuidarnos de no incluir sólo las formas más explícitas sino también las más suaves. Por ejemplo, en un viaje internacional que hice, mostraban películas en el vuelo en las pantallas de los reposacabezas que me rodeaban, con personas completamente desnudas y escenas sexuales, mientras que los niños aburridos las miraban. ¿Qué estoy  diciendo? Nuestra cultura se está volviendo cada vez más sexual, y ahora, cuarenta años después de que vendían una sola revista obscena debajo del mostrador en la tienda local, es normal ver a los niños de secundaria con fotos de su novia desnuda en sus teléfonos móviles.

Con claro énfasis la Biblia dice que los hombres de Dios deben abstenerse de ciertos pecados que batallan contra sus almas.  En primer lugar, los hombres de Dios no deben adulterar (Éxodo 20:14). Segundo, los hombres de Dios no deben codiciar la esposa de su prójimo, aunque su ropa deje poco para la imaginación (Éxodo 20:17). Tercero, los hombres de Dios no deben acostarse con prostitutas que usan sus cuerpos como mercancía para ser rentados, usarlas para pasar un «buen» tiempo o sacarles una «buena» foto (Proverbios 23:26-27; 1 Corintios 6:15-16). Cuarto, los hombres de Dios no deben ser polígamos, porque su padre Adán, y Jesús que es Cabeza, cada uno tuvieron una sola novia (Eva y la Iglesia). Quinto, los hombres de Dios no deben ser fornicarios que deshonran a Dios con sus manos, cuando deberían levantarlas a Él en oración (1 Timoteo 2:8), en vez de deslizarlas por la camisa de su novia, aunque ella se los pida (1 Corintios 6:9-13).

Sin embargo, a lo largo de la historia los hombres han sido propensos a obedecer la letra de la ley en estos casos, mientras deshonran el espíritu de la ley. El espíritu de estas Escrituras que prohíben las prácticas sexuales pecaminosas incluye los pecados de la mente donde los hombres acumulan un harén comparable con el de Salomón, que existe sólo en sus imaginaciones.

Por eso Jesús sabiamente enseñó que los pecados sexuales son cometidos no sólo por lo que hacemos sino por lo que pensamos. Por ejemplo, enseñó en Mateo 5:27-28, «Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón». También en Marcos 7:21-23, Jesús dijo, «Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre».

Por ende, los pecados sexuales no están «allá afuera», en los medios, en los bares de strippers, o con las chicas que visten jeans de tiro bajo, o tanga de tiro alto. En realidad el problema yace dentro de «la persona». El pecado que hay en su corazón hacer que la lujuria y el pecado salgan como aguas negras de una alcantarilla. Esa es la verdad franca y dolorosa.

La multiplicación de la consejería contemporánea demuestra en gran manera que la condición humana está cargada de defectos. Hay un debate eterno en nuestra época sobre lo que consideramos un comportamiento «normal» y uno «anormal», que diagnostica por qué algunas personas se comportan en forma «anormal» y les recetan una «cura» para esas anormalidades. Las causas especulativas sobre lo que causa el comportamiento «anormal» incluye los impulsos primitivos o cervales (Sigmund Freud), el inconsciente colectivo de nuestra historia racial (Carl Jung), nuestro condicionamiento ambiental (emocional y físico), y no tener consciencia de sí mismo o del bien que lleva adentro (Carl Rogers). Sin embargo, todo esto representa un esfuerzo más formalizado que el que hizo nuestro padre Adán, de echarle la culpa a algo o a alguien en vez de hacerse responsable por su propio pecado y arrepentirse, demostrando un cambio en su forma de pensar que conduzca a un cambio de comportamiento.

No obstante, en las Escrituras Jesús es normal, y los demás somos pecadores anormales con el pecado interno. Nuestras vidas individuales y las vidas colectivas correspondientes que llamamos «cultura», son el reflejo externo de la condición interna de nuestros corazones. El corazón es la cede y el centro de nuestra identidad, la esencia total de nosotros mismos que se expresa hacia fuera de palabra y de obra. Este concepto es fundamental en lo que enseñan las Escrituras, y el «corazón» en todas sus expresiones, (P.Ej, corazones, dureza del corazón) aparece unas 900 veces. Esto significa prácticamente que sólo usted y Dios saben verdaderamente lo que hay en su corazón. Por lo tanto, en vez de tratar de guardar reglas legalistas, reconozca honestamente la lujuria en su corazón y reduzca o merme las cosas que la provocan o estimulan.

Mark Driscoll
Capitulo 3 del libro
Porn-again Christian

jueves, 26 de enero de 2012

Temerosos de Dios - Capitulo 2 del libro Porn again por el pastor Mark Driscoll




Ser sabio es vivir conforme a la voluntad de Dios, andando en su gracia. Según Proverbios 1:7,
el principio de la sabiduría es ser temeroso de Dios.
Las Escrituras se refieren continuamente al único Dios verdadero como el Dios de gloria.
Eso significa que Dios debe tener más preeminencia y relevancia en la vida de su pueblo, y que los deseos pecaminosos en nosotros y las normas culturales que nos rodean deben verse como algo antinatural y depravado al compararlas con Él.
Dicho sencillamente, hasta que usted no tema a Dios y le dé preeminencia e importancia en su vida, seguirá siendo un necio indisciplinado.
Por eso he provisto los siguientes pasajes bíblicos para infundirle el temor de Dios, para que vea lo santo que Él es, y su poder, en vez de visualizarlo como alguien menos santo, y para que entienda que su pecado es más impío de lo que cree.

En 1 Pedro 4:3 leemos: «Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que
agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías».
Aquí Pedro invita a los hombres de Dios a no regresar a una vida regida por patrones de conducta paganos y a la perversión sexual.


En 1 Juan 2:15-17 nos insta, «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre».
La seria advertencia de Juan es que los deseos de los ojos continuamente son seducidos por imágenes y perversiones del mundo en que vivimos, y que debemos mantenernos alertas para no amar los pecados tentadores del mundo. Las advertencias de Juan son todavía más urgentes en una cultura donde con la ayuda de la tecnología ahora es más fácil ver a alguien desnudo que sacar algo de la nevera, puesto que para sacar algo de la nevera al menos tiene que pararse y caminar.

1 Juan 3:9 nos enseña, «Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el
pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque
es nacido de Dios».
Aunque 1 Juan 1:8 nos dice claramente que ningún hombre de Dios puede llegar a ser perfecto en esta vida, Dios promete que los hombres cristianos tienen la capacidad de apartarse de toda clase de pecados habituales, incluyendo los pecados sexuales, que por lo general se aceptan como enemigos
invencibles. Prácticamente esto significa que el pecado sexual no debe ser controlado, sino muerto, puesto que Jesús murió por causa de él.


En 1 Corintios 5:9-11 Pablo dice, «Os he escrito por carta, que no os juntéis
con los fornicarios; no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o
con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería
necesario salir del mundo. Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que,
llamándose hermano, fuere fornicario…con el tal ni aun comáis».
Sencillamente, cualquier hombre que se considera cristiano y practica la inmoralidad sexual, sin
arrepentirse de ella, no es adecuado para tener como amigo cristiano ni debe estar
en comunidad hasta que se arrepienta, porque está corrompiendo a sus amigos
en la iglesia con su perversión.
La dura y fría realidad es que la mayoría de las luchas internas de los hombres son conocidas solo por sus amigos cristianos, y a menos que estos sean lo su cientemente hombres y dejen de discutir sobre asuntos teológicos estúpidos e irrelevantes, e inviertan sus energías para responsabilizarse
unos con otros para controlar sus impulsos sexuales, la amistad cristiana no será
más que una farsa cristiana.


En 1 Corintios 10:8, Pablo dice, «Ni forniquemos, como algunos de ellos
fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil».
Hablando del pueblo de Dios, en Éxodo Pablo nos advierte que a lo largo de la historia Dios se hartó tanto por el pecado sexual que mató multitudes de personas perversas en el desierto, al igual
que en sitios como Sodoma y Gomorra. Sí, Dios da muerte a algunas personas.

A veces lo hace repentinamente y a veces lo hace paulatinamente, como con las enfermedades venéreas o sexualmente transmitidas. Peor aún, algunas víctimas del pecado sexual también padecen enfermedades, como un amigo mío que le dio herpes a su esposa; o hasta la muerte, como los hombres que les dan SIDA a sus esposas. Sin embargo, ¿en realidad quiere ser el tipo que tiene el ratón de la computadora en una mano y se rasca la comezón del pene con la otra, y se
presenta delante de Jesús buscando la manera de explicarse?


En 1 Corintios 6:9-10, Pablo dice, « ¿No sabéis que los injustos no heredarán
el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras…heredarán el reino de Dios».
Obviamente Dios toma tan en serio los pecados de sus hombres, que los que siguen esclavizados al pecado sexual mueren en sus pecados y se despiertan en el tormento eterno del infierno. Claro, las personas desnudas que ven son muy «calientes»… pero el infierno es muchísimo más caliente.


Concretamente, lo que quiero implorarles con todas estas advertencias de las Escrituras, es que tomen muy en serio cualquier pecado sexual que cometan, así como Dios lo toma en serio. Ahora que hemos enfocado en Dios nuestra discusión sobre el pecado sexual, estamos listos para abordar los asuntos específicos de la pornografía y la masturbación que tienen a tantos hijos de Dios esclavizados.

Pastor Mark Driscoll
Fragmento del libro Porn again
Capitulo 2