viernes, 6 de enero de 2012

El Dios ENOJON?


Hay un pensamiento que Dios es un enojón. Muchos piensan que le agrada a Dios castigar a la gente. Piensan que solo anda buscando la oportunidad de enviar su ira. Por ejemplo:

Y si aun con estas cosas no me oyereis, yo volveré a castigaros siete veces más por vuestros pecados. Levítico 26:18

Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes. (Isaías 13:11)

Pero la realidad es, que Dios es mucho más cariñoso y paciente que nosotros. El deseo de Dios es que todos podrían llegar al cielo y tener gran éxito en sus vidas espirituales.

El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan.
(2 Pedro 3:9)

Y tenemos que entender que a Dios no le agrada juzgar.

¿Acaso creen que me complace la muerte del malvado? ¿No quiero más bien que abandone su mala conducta y que viva? Yo, el Señor, lo afirmo. (Ezequiel 18:23)

Diles: Tan cierto como que yo vivo afirma el Señor omnipotente, que no me alegro con la muerte del malvado, sino con que se convierta de su mala conducta y viva. ¡Conviértete, pueblo de Israel; conviértete de tu conducta perversa! ¿Por qué habrás de morir? (Ezequiel 33:11)

Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él. (Juan 3:17)

Entonces la pregunta que sigue es Porque juzga la humanidad?

El Juzga a los malvados porque es lo necesario. Nosotros humanos también esperamos lo mismo de nuestros presidentes y oficiales. No nos gusta cuando un malvado escapa de la justicia después de haber cometido un gran delito.

Para ponerlo un poco más claro. Si Dios no juzga a los malvados, seria un Dios injusto y perverso. Pero cuando juzga anda proclamando que NO le agrada el pecado.
 
Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. (1 Juan 1:5)
 
Pastor Hassan Villegas

Conferencia de Pastores - Pastor Juan Barillado

mas informacion en:
www.horizonteensenada.com

miércoles, 4 de enero de 2012

El Anhelo de lo Eterno - Jaime Foote

“Cuando has eliminado lo imposible, lo que quede,
por improbable que sea, tiene que ser la verdad.”

Esta regla tan famosa es realmente la base de todo tipo de investigación. Y es sobre esa regla que tropieza cada uno de nosotros casi al diario en sus juicios y prejuicios, tomando decisiones y formando conclusiones durante toda su vida.

Clasificamos eventos, deseos, aun a personas entre “imposible” o “improbable” con bastante ligereza, olvidándonos del simple hecho de que si algo es improbable, hasta muy improbable, es sencillamente porque ha sido difícil probarlo; pero no lo podemos descartar como imposible. Por ejemplo, si la selección mexicana de futbol nunca ha rebasado cuartos de final en la Copa Mundial, podemos decir que es improbable que lo haga en el futuro; pero no podemos decir que sea imposible. El hecho de que algo nunca ha sucedido no implica que no pueda suceder (aquí se inserta un suspiro con fervor…).

Aun el más renegado ateo, al afirmar la existencia del universo sólo por coincidencia, se topa con un problema insuperable: obvio no es imposible que exista el universo, porque sí existe. Entonces se calculan las probabilidades de que llegue a existir el universo como está (“probabilidad” indica que se puede probar) y la probabilidad matemática es una cifra súper-exponencial (1 entre 100 mil millones seguido por 123 ceros más) tan escasa que en términos humanos, es cero. La probabilidad de que se forme ADN para que haya vida orgánica es virtualmente cero (10 seguido por 40,000 ceros). En estos cálculos además tenemos que tomar en cuenta la existencia de suficiente gravedad de masa y la fuerza electromagnética para mantener neutrones y protones en unión durante suficiente tiempo (neutrones libres se desintegran en minutos) para establecer los elementos, entre ellos el carbón, para que vida orgánica exista, y se mantenga en existencia, y se desarrolle…y que tú estés leyendo estos comentarios—?

Ciertamente improbable, pero aquí estás.

Al llegar a este punto, es muy fácil saltar a la conclusión de que todo aquello tan complicado, con cifras indecifrables (al menos para “laicos”) sucede para que tú y yo estemos aquí. Es exageradamente improbable; tan así que sería locura buscar el propósito de la existencia en la existencia misma. Hay una propuesta acerca de esto, que llaman el “Principio Antrópico”, que sugiere que todo esto existe para que pueda existir el ser humano. Es débil ese principio, no sólo por las muchas razones de física y bioquímica, sino hasta por razones filosóficas.

A saber: si todo lo que existe resultara ser una plataforma—con diseño inteligente, hasta de un Creador—para que en esa plataforma pudiera existir el ser humano, y pudiera saber (se supone) que todo fue creado con la mira al ser humano, entonces deberíamos encontrar enorme y plena satisfacción, y sentirnos totalmente realizados…sólo por existir en medio del universo. Pero no es así.

Entonces, ¿qué nos queda?

Es evidente que cabemos y encajamos muy bien en el universo. A pesar de todo tipo de cambio, nos adaptamos muy bien. Esperamos buenos momentos, y nos deprimimos o nos desesperamos si no se cumple nuestra esperanza, y esa esperanza es muy resistente.

El filósofo y autor cristiano C.S.Lewis lo expresó así: “Si descubro en mí un anhelo de algo que en este mundo nunca encontrará satisfacción, debo considerar que fui hecho para otro mundo.”

Por ejemplo, en un universo en que no existe el chocolate, sería absurdo que yo encontrara en mí un anhelo de chocolate. Ni siquiera habría una palabra “chocolate”. Imposible. Lo normal sería que, por haber probado el chocolate, después quisiera probarlo nuevamente. (¡Hasta es muy probable!)

¿Qué sucede en el caso de alguien que nunca ha probado chocolate, tampoco sabe cómo se llama, pero que, habiendo probado todos los sabores que hay en el universo, anhela chocolate? Claro, es improbable el hecho de que él tenga ese anhelo (sus amigos le dirían loco) pero no es imposible, porque en ese universo el chocolate sí existe. Tal vez nunca en su vida llegue a probar chocolate, pero no es absurdo que lo anhele.

Ahora, descubro en mí un anhelo. Hay cosas en el universo que se parecen a ese anhelo, pero ya las probé, y no son lo que anhelo. Voy eliminando lo imposible, y me quedo con algo muy improbable; las cifras son exponenciales: aun viendo que la probabilidad es casi cero, sigo anhelando. Me siento compatible con el universo, pero no satisfecho. Anhelo lo eterno.


¿Qué tal si el universo—inclusive yo—fue hecho con otro fin? ¿Qué tal si el universo—inclusive yo—sí es una plataforma, pero no para conocerme a mí mismo, sino para conocer al que diseñó todo? “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas.” (Romanos 11:36)

Si el chocolate existe, es normal anhelar chocolate. Si Dios existe, y descubro en mí el anhelo de lo eterno, mi anhelo no es absurdo.Tal vez nunca en mi vida me quede satisfecho, pero mi anhelo no es absurdo.

“En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho
cuando despierte a tu semejanza.” – Salmo 17:15


Disfruta el chocolate.
 
Jaime Foote
Semilla de Mostaza Cuernavaca

martes, 3 de enero de 2012

Dios usa tus propósitos de año nuevo para aprender a confiar en él.


 
¿Alguna vez te has hecho algún propósito de año nuevo? Normalmente no termina bien, nos decimos, “este año voy a ir al gym todos los días y a la segunda semana de enero ya estamos intercambiando la ida al gym por la ida a McDonalds. No lo digo en mal plan, y no digo que es malo tener buenos planes y propósitos para un nuevo año, pero la realidad es que normalmente no cumplimos con nuestros propósitos y esto demuestra algo muy importante acerca del evangelio.

Los humanos somos malos para seguir reglas

Normalmente cuando me propongo algo no dura mucho. Siempre que voy a la playa a correr me digo, wow que padre esto lo voy a hacer todos los días, y voy normalmente por tres días antes de aburrirme. Lo mismo pasa en la época de año nuevo, nos decimos “no voy a tomar Coca-Cola otra vez” y de repente vamos al oxxo y las ganas son demasiadas y caemos. Así es con Dios cuando nuestra mentalidad es NO PECAR, vamos a caer. Pablo dice que la ley, o las reglas son para demostrarnos nuestro pecado (Romanos 7:7) y siempre que ponemos reglas y vivimos por reglas nos demuestra lo mismo, no podemos solos. Las reglas, metas, y propósitos no son malos, simplemente nos demuestran nuestra debilidad.  Y eso nos lleva a reconocer que no es suficiente intentar alejarnos del mal, necesitamos algo más profundo. Necesitamos de un regalo, un refuerzo, y una recompensa.

Un regalo

Para vivir una vida en santidad no podemos solamente intentar ser buenos porque por más que intentemos no podemos ser santos (1ra de Juan 1:10). Nuestra propia voluntad no es suficiente para permitirnos caminar en santidad. Necesitamos que la santidad sea un regalo, algo que Dios nos dé, no porque lo hemos ganado sino porque él es bueno. (Romanos 3:24) Después de recibir la santidad como un regalo ya no tenemos la presión de tener que lograr el mayor esfuerzo para ser santos, ahora somos santos porque él nos ha regalado la santidad y podemos disfrutar de una relación con Dios en humildad, no basada en lo que nosotros hacemos pero en lo hizo por nosotros.

Un refuerzo (ayuda)

Seguido, cuando se predica correctamente el evangelio, la pregunta es, ¿Si no depende de mí entonces no tengo que hacer cosas buenas? ¿Puedo cometer todo el pecado que quiera sin ninguna consecuencia (Romanos 6:1)? Y la respuesta es no, Dios nos ha dado vida, nos ha dado propósito, nos ha dado esperanza, ¿por que queríamos regresar a la vieja forma de vivir? (Romanos 6:2). Entonces, ¿Regresamos a vivir por las reglas? No, ahora ya no vivimos por lo que no debemos de hacer, ahora vivimos por lo que el espíritu santo nos da la habilidad de hacer. El nos ayuda a vivir de la forma que debemos (Juan 14:26). Entonces ahora nuestra vida no se trata de seguir reglas, ahora se trata de caminar junto al espíritu santo haciendo las cosas que él ha preparado para nosotros y que él nos ayudara a hacer. (Efesios 2:10)

Una Recompensa 

Normalmente cuando tenemos un propósito de año nuevo que se cumple es porque la recompensa fue lo suficiente grande para motivarnos. Si realmente queremos bajar de peso lo hacemos por salud o por imagen, o le que sea, pero la recompensa nos motiva. Queremos ahorrar para pagar nuestras deudas porque no queremos el estrés de las deudas, una vez más, la recompensa es buena motivación para hacer lo correcto. Ahora, Si una recompensa temporal nos motiva a hacer cosas difíciles, ¿Cuánto más una herencia eterna? (Colosenses 3:24). La biblia elogia a Moisés por tener sus ojos en el galardón envés del pecado (Hebreos 11:26). No hay nada de malo en anhelar la recompensa divina. Jesús 7 veces promete cosas preciosas a los cristianos que vencieren y que permanezcan (Apocalipsis 1-4). Dios nos promete recompensas preciosas a las cuales, a través del poder del espíritu santo por la gracia de Dios, debemos de aspirar a tener. La recompensa mayor es la vida eterna, y eso es conocer a Dios cada momento más por el resto de la eternidad (Juan 17:3).

Jonathan Domingo

Que opinamos del concepto Atar y Desatar